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jueves, 4 de agosto de 2011

Estoy aquí

Mírame, ¿no me ves? Estoy aquí, esperando un momento que no llega, esperando una libertad que creía extinta, esperando, al final, quién sabe qué. Estas notas que escucho me transportan al mundo de los sueños, esta voz me hace recordar tantas cosas... tiempos mejores, tiempos peores, ¿qué más da? Sólo sé que mi cabeza evoca momentos que ya creía olvidados, momentos que vuelven una y otra vez a recordarme errores que ya creía enterrados. 
¿Seré menos perfecta para tus ojos si te digo que tengo miedo? Miedo de crecer, de dejar de soñar, de perderme entre mis pensamientos y no volver. Tengo miedo del mismo miedo. Pero, ¿quién no lo tiene? Miedo de perder, miedo de no volver a sentir esa calidez que me hace sonreír, miedo de perder esos brazos que son el salvavidas de mi cordura. 



Todos tenemos miedo de perder aquello que realmente nos importa, de perder todo lo que le da sentido a esta vida tan extraña. Mi mayor miedo es el silencio que queda detrás de una partida. Cuando lo oyes, le juras a tu corazón que será la última vez, porque este es uno de esos silencios que se te instalan en el corazón y que ni el tiempo, ni una nueva vida pueden borrar. 

martes, 15 de febrero de 2011

El tiempo pasa

Aún recuerdo esas manos que me sujetaban para que no me cayera, esa sonrisa que me alegraba las mañanas o esos consejos que hacían que fuera un poquito más mayor cada día. Pero los años pasan y, para bien o para mal,  un día tenemos que salir del nido y levantar el vuelo. Muchas veces querríamos volver al nido que nos vio nacer, escondernos de esta realidad tan confusa y dejar que otros tomaran decisiones por nosotros. Sin embargo, llega un día que tenemos que demostrar, no sólo al mundo, sino también a nosotros mismos y a la persona que nos lo ha enseñado todo, que ya ha pasado el tiempo de esconder el rostro debajo del ala, que nos han enseñado bien y que ya es hora de demostrar que también sabemos valernos por nosotros mismos.

No te negaré que hay veces que querría volver atrás, volver a ser una niña pequeña sin preocupaciones sería casi un sueño hecho realidad, pero ¿sabéis qué? Ya es hora de abrir las alas y saltar al vacío y si me estrello, al menos espero poder levantarme otra vez.







¿Que queréis que os diga? Echo de menos a mi madre, pero al menos lo admito. Tener a alguien que te apoye siempre, que te ayude y te diga lo que tienes que hacer en esos momentos difíciles, es un gran chollo. Pero también echo de menos a esa madre-amiga a quien se lo contaba todo, esas risas cómplices cuando nos reíamos del mundo y esas confidencias a las 7 de la mañana o a las tantas de la noche que parecían que tenían que durar siglos.
Ahora estoy lejos y lo máximo que tengo son unas pocas conversaciones por teléfono, pero hacerse mayor es esto, tirar para adelante y no mirar atrás. Aunque de vez en cuando, necesito volver a sentirme como una niña pequeña y me refugio en los brazos de mi madre.

El tiempo pasa, pero no todo tiene que cambiar.